jueves, 6 de marzo de 2008

El Fondo de Reserva de la Seguridad Social. Alguna reflexión crítica.

La caída de la natalidad a partir de los años 80 y la creciente esperanza de vida darán lugar a un creciente envejecimiento de la población en muchos países de nuestro entorno. Entre otras cosas, esto provoca ciertas dudas sobre la viabilidad y adecuación de los sistemas de pensiones.
Mientras se decide qué puede hacerse para garantizar que los futuros mayores obtengan unos ingresos que supongan como mínimo un 60-70% de lo que obtuvieron los últimos años de su etapa laboral activa, las administraciones públicas de diversos países están acumulando los superávit actuales de la seguridad social en lo que ha venido a denominarse fondos de reserva. Así, en el caso español, el Fondo acumula casi 46.000 millones de euros a 31 de diciembre de 2007 (lo que supone aproximadamente el equivalente al 4.35% del PIB de 2007) y se estima que esta cantidad permitiría cubrir algo más del 58% de las pensiones que se han pagado en 2007.
Las cuestiones que me gustaría plantear en este artículo son las siguientes:
¿Podrá efectivamente pagar el fondo de reserva pensiones en el futuro?
¿Qué consecuencias actuales tiene la acumulación de dicho fondo?
¿Es el fondo la mejor alternativa para los superávit de la Seguridad Social?
A mi juicio, el fondo de reserva es la consecuencia de una errónea concepción sobre el funcionamiento de una economía avanzada de mercado, que entiende el todo por la parte. Dicho instrumento, como intentaré demostrar, está abocado al fracaso.

El fondo de reserva no podrá pagar las pensiones futuras
Vamos a ver la lógica de los fondos de reserva para demostrar la afirmación anterior.
1. Existe una cierta desconexión entre los ingresos y los gastos de la Seguridad Social. Los ingresos principales proceden de las cotizaciones a la seguridad social y dependen del volumen de empleo. Los gastos dependen del número de beneficiarios y de la cuantía de los beneficios (pensiones). En la actualidad el volumen de empleo es relativamente elevado, al tiempo que las pensiones están aumentando relativamente despacio, debido a que se están retirando aquellos que nacieron después de la Guerra Civil, época en la que la natalidad fue relativamente baja).
2. Cuando los ingresos son superiores a los gastos, se genera un superávit que decide acumularse en una cuenta en el Banco de España y que recibe el nombre de Fondo de Reserva de la Seguridad Social.
3. El dinero correspondiente al Fondo se emplea en adquisición de deuda pública, de la que aproximadamente el 50% ha sido emitida por el Estado Español y el resto por Alemania, Francia, y Países Bajos.
4. Esta deuda pública es la consecuencia de que los diferentes Estados gastaron más de lo que ingresaron en lo referente a sus presupuestos generales en períodos pasados. Al igual que cualquier persona, cuando un Estado desea gastar más de lo que ingresa tiene que pedir prestado. Y, obviamente, esta deuda ha de ser devuelta en plazos previamente acordados. Cuando vencen los plazos, el Estado debe disponer de recursos para hacer frente a los pagos o, alternativamente, debe endeudarse.
Cuando, dentro de 35 ó 40 años, los gastos de la Seguridad Social superen a los ingresos, se deberá echar mano del fondo de reserva. Pero no se pueden pagar pensiones con bonos del Tesoro. Así, habrá que vender dichos títulos de deuda y, con el dinero obtenido, proceder a los pagos. Si el comprador principal es el Estado, que es el agente que emitió la deuda, en el momento de la compra se harán patentes los problemas del Fondo de Reserva.
Para que la Seguridad Social pueda pagar pensiones con cargo al Fondo, el Estado deberá disponer de recursos financieros con los que recomprar la deuda. Pero, ¿de dónde procederán dichos recursos? Hay tres alternativas. El Estado deberá:
1. Aumentar los impuestos.
2. Reducir gastos en otras partidas.
3. Emitir más deuda.
Pero, ¿qué habría ocurrido de no existir el Fondo de Reserva? La respuesta es: exactamente lo mismo. Es decir, cuando dentro de 35 – 40 años aumente el volumen de pensiones sustancialmente, si políticamente se considera necesario hacer frente a dicho problema, habrá que aumentar los impuestos, reducir otros gastos o emitir deuda.
Si, alternativamente, el Fondo vende la deuda a agentes privados pueden ocurrir dos cosas: que éstos la compren a precios ‘razonables’ o que no la quieran comprar. Si se da lo primero, entonces ocurrirá una especie de privatización del sistema de reparto, en el sentido de que los futuros compradores de deuda transferirán poder de compra a los beneficiarios del sistema de pensiones. Pero la deuda que se venderá en el futuro podría haber sido emitida en el futuro y relacionada precisamente con el pago de las pensiones futuras, de modo que el actual superávit podría haberse utilizado para otros fines. En el caso de que los agentes privados no deseen comprar la deuda a esos precios ‘razonables’, lo lógico sería esperar que tales precios bajasen. Pero aquí hay un problema y es que, en ese caso, los tipos de interés vinculados a tales activos financieros automáticamente subirían, dando lugar a una pérdida de control sobre los tipos del Banco Central Europeo. Para reconducir los tipos de interés al nivel deseado, el BCE debería comprar dicha deuda, manteniendo relativamente elevado su precio.
En cualquier caso, me gustaría incidir en el hecho de que las pensiones futuras se habrán de sufragar con recursos futuros.

Consecuencias actuales de la acumulación del Fondo de Reserva
Si el Fondo de Reserva no va a pagar las pensiones futuras, ¿para qué vale? La respuesta, a mi juicio, es que no vale para nada. Es más, dicho fondo puede tener consecuencias deflacionistas. La razón es la siguiente. Una vez que las empresas determinan su nivel de actividad, por lo general primero suelen acudir a bancos y/o mercados financieros a buscar financiación de sus procesos productivos (para pagar a proveedores y a trabajadores). Y será después, tras obtener ingresos procedentes de la venta de su producción, cuando hagan frente a las deudas contraídas.
Si parte de la liquidez que se corresponde con la deuda de las empresas se canaliza hacia el Fondo de Reserva de la Seguridad Social, esto supone liquidez que no podrá utilizarse para adquirir productos de las empresas endeudadas. De ese modo, éstas pueden capturar una cantidad de liquidez inferior a la que introdujeron por medio del endeudamiento, encontrándose con serias dificultades para devolver las deudas.
Podemos utilizar un símil hidráulico para ilustrar esta cuestión. El endeudamiento de las empresas (y las familias) supone una inyección de liquidez en el circuito económico. Para que las empresas continúen operando, posteriormente deberán “recuperar” la liquidez inyectada para poder hacer frente al pago de sus deudas. El pago de deuda sería, por lo tanto, un drenaje de liquidez del sistema. El pago de impuestos también es un drenaje de liquidez. Así, el superávit de la Seguridad Social es posible porque “alguien” está introduciendo liquidez previamente (como consecuencia de un creciente endeudamiento). Pero al sacar liquidez del circuito, algunas empresas que se habían endeudado van a encontrar dificultades para recuperar liquidez y hacer frente a las deudas (porque la Seguridad Social la está atesorando la liquidez en el Fondo). Las dificultades pueden retrasarse si cada vez hay más gente introduciendo liquidez en el circuito (por medio de mayor endeudamiento), pero esto no puede funcionar indefinidamente.

Usos alternativos del superávit de la Seguridad Social
Cuando la Administración Pública, en general (lo que incluye también a la Seguridad Social), genera un superávit dispone, al menos, de tres alternativas para su uso:
Recomprar deuda pública (esto es, cancelar deuda pendiente de pago).
Reducir los impuestos, con la finalidad de reducir el superávit.
Aumentar los gastos.
El uso actual que se está dando al Fondo de Reserva de la Seguridad Social se corresponde con la primera opción, si bien al separarse el presupuesto de ésta del de la Administración Central, no se cancela la deuda hasta que el último la recompra a la primera.
Sin embargo, y de acuerdo con algunos estudios realizados por David Aschauer, parece que el uso que más afecta positivamente al mantenimiento y/o mejoría del nivel de vida de una población es el último de la lista de arriba. Concretamente, ampliando el stock de infraestructuras públicas de un país.
No obstante, es como mínimo curioso que desde la Administración Central se esté planteando una reducción de impuestos al tiempo que las transferencias procedentes de Bruselas se van a reducir notablemente. Dichas medidas van a limitar considerablemente el margen de maniobra de la Administración Pública (que incluye también las Administraciones Autonómicas y Locales). Cuando el Estado tiene límites al endeudamiento (como consecuencia del Plan de Estabilidad y Crecimiento), es ciertamente paradójico que el Estado renuncie a su capacidad de modernizar la estructura productiva del país.

Conclusión
Las pensiones de cada período se atienden con cargo a los recursos productivos de que dispone un sistema económico en ese momento. Si en el futuro la relación entre pensionistas y trabajadores en activo va a aumentar como consecuencia del envejecimiento de la población, la mejor recomendación que podría hacerse es la de tomar las medidas para que se incremente la dotación futura de recursos productivos. Para ello, parece razonable recomendar que se mejoren los sistemas educativos, las infraestructuras, la investigación, etc., a partir de ahora. Dichas acciones van a preparar mejor nuestro sistema para atender las pensiones futuras que una reducción de los impuestos.

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